Habitar nuestro cuerpo, habitar nuestra casa

          

 

Habitar nuestro cuerpo, habitar nuestra casa

Cuando más escuchamos a nuestro cuerpo es cuando nos duele, nos molesta.

De nuestros pies, tan lejos de la cabeza, reina y señora de nuestra existencia, tenemos pocos registros. No sabemos cómo los usamos, si caminamos apoyándolos con firmeza como volando casi sin tocar el suelo, si avanzamos sin problemas o tropezamos a cada instante. Los pies son los que nos sostienen en nuestro andar por el mundo. ¡Necesitan nuestra atención, que los mimemos y cuidemos!

Para tomar conciencia sobre como está nuestro cuerpo, sus movimientos, sus músculos y articulaciones, un buen punto de partida es empezar por los pies, los eternos olvidados. Observarlos es también un buen comienzo para percibir cómo circula la energía en nuestro cuerpo. Al abrir el camino de la energía que viene de la tierra podemos ir ocupando nuestro cuerpo, movernos con la energía que circula por él, reconocerlo y disfrutarlo.

Gracias a la difusión de técnicas corporales como el yoga, el chi kung y el feng shui, en Occidente sabemos que tanto en el cuerpo como en el hábitat circula energía. Los expertos saben ver dónde se estanca, o cuándo circula adecuadamente beneficiando la salud y el bienestar de la gente.

Ocupémonos ahora de nuestra casa. Es una extensión material de nuestro cuerpo físico. Nos protege del frío y del calor, nos cobija de las inclemencias del tiempo y de la vida, nos ayuda a desarrollarnos y crecer en este difícil mundo material. En ella vivimos buena parte de nuestra vida y podemos observar tanto nuestros humores como nuestros amores, nuestras desavenencias como nuestra armonía. Nos reflejamos en ella. No es sólo materia estática, necesita respirar, que la mimemos, que la cuidemos. La energía que circula por ella a veces fluye en armonía, otras se estanca, se acelera o circula en espiral.

Envueltos en el hacer cotidiano no escuchamos a nuestro cuerpo, no lo habitamos plenamente. Practicando las variadas técnicas corporales que trabajan con la energía en el cuerpo, podemos reconocer cómo lo beneficia una circulación satisfactoria, podemos llegar a habitarlo con conciencia.

Habitar nuestro cuerpo es el primer paso para, por extensión, reconocer físicamente y sentir como se mueve la energía en nuestra casa.

Los invito, entonces, a que recorran vuestra casa, a moverse con el aire, a mirarla y mirarse, a redescubrirla con el movimiento, a sentirla.

Este camino les ayudará a abrir de otra manera las puertas de vuestra casa, a habitarla y, poco a poco, transformarla para vivir con mayor armonía.

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